Me gustan esos días de luces cambiantes que pasan a ratos del tenebrismo mas rabioso a esas pinceladas de luz que un sol perezoso deja escapar entre las nubes bajas, niebla no densa con la que el viento juega como lo hace en aquella, película, la gravedad con lo que hay bajo el sweater de Kirsten Dunst.
Me paro durante ratos para ver paisajes diferentes de un mismo lugar y escucho, ahora, mentalmente la banda sonora de la película y veo a ratos lo que tengo delante y al tiempo las imágenes esas sí tenebristas en las que se, y nos recrea, Lars von Trier de ese campo de golf casi al final del film.
Y es que Wagner se pinta como pocos para ponerle dramatismo al cine. Bueno y uno, que ya no sabe si es un poco bipolar.


