Apenas terminan de poner el sol por eso las sombras son tan alargadas. Aun flotan en el aire restos de polvo que se ha ido levantando al paso de la barredora vial del ayuntamiento acicalando las calles antes de que el personal se eche a ellas. El ruido monótono del motor y sobre todo de la aspiradora y las escobas circulares me han hecho asomarme y de paso ver como se presenta el día que empieza. He corrido a buscar la cámara para pillar ese efecto Tyndall tan llamativo que provocan los rayos de luz entre los edificios al atravesar todo ese polvo en suspensión, pero no lo suficiente rápido, lo mas que he conseguido ha sido ese molesto destello en la lente. Dentro de muy poco empezara el desfile de los primeros que se dirigen a trabajar o vuelven de correr, pero ya aparcada enfrente la furgoneta del panadero descarga sus entregas aun calientes.
Me gusta esta hora tanto como su opuesta.
Me dirá alguien que vaya gilipollez de fotografía pero no lo es tanto si pienso en que cuando anoche nos fuimos a la cama, alguien había pensado que por que podía, en un instante podría barrer a toda una cultura milenaria del mapa.
Hace una mañana radiante, y no ha pasado nada, el panadero como digo ha hecho su entrega, y nosotros, Yo, sigo aquí para ver y parar en el tiempo algo que por recurrente carece de la mínima importancia o belleza (relativamente), una furgoneta, además fea. Mañana volverá a ocurrir lo mismo, pero seguro diferente porque va a llover y la luz será otra.
