y no me quedó más remedio que acelerar el paso y adelantarlos
venía de comprar mi periódico cuando llamaron mi atención. Allá más adelante caminaban juntos, los paraguas cerrados y aun húmedos. Me dio un vuelco el corazón; -No podía ser ella - pensé, - Ella... es un poquito más pequeña. Pero esa figurita es tan ella.
Y no. Porque la última vez que la vi en internet en una página web de senderismo aunque en conjunto no había cambiado tanto a pesar de todo el tiempo transcurrido, en su cuello se podían adivinar algunos de los estragos de ese tiempo que no da tregua, nunca para y sigue su camino inexorable.
A prisa tomé el camino por los soportales a fin de no ser reconocido si acaso... y por fin me coloque delante con la frustración de que el camino recorrido al final me había vuelto a situar tras ellos.
Y en eso volví al primer pensamiento que me desestabilizo por completo:
- ¿es ella?
