Era mucho más noctámbulo pero no he dejado nunca de serlo del todo.
Siempre cargaba con una Nikon aunque fuera en el bolsillo.
Parece mentira que hayan pasado diez años y que siga notando ese frescor más bien frío nocturno de una extraña madrugada de finales de primavera o principios de verano ahí en ese puente.
Ya no hago tantas. Pero he decidido que voy a volver a las andadas y hacer más nocturnas.
La noche lo hace todo como más fácil. Saca sentimientos que de día quizás no los pondriamos a pasear.
Dos compañeros después de una cena y juerga correspondientes de empresa que deciden irse andando hasta el hotel caminando puente abajo mientras el resto sigue la marcha alla atras.
Y será la noche como decía. . .
Ella comienza a hablar.
- ¿Sabes? Hemos llegado a la conclusión de que mi trabajo y el suyo nos separaran y lo harán por los siglos de los siglos. El tiene sus compañeras y como nosotros aquí amig@s allí él y aquí yo.
El niño seguirá siendo de los dos y cuando haya que estar juntos con él lo estaremos. Pero él al igual que yo somos demasiado jóvenes para guardar ciertas... Bueno tu sabes...
La verdad es que yo pensé más de una vez que ya había tardado en decidirse a la vista.
Simplemente le conteste: - Me parece que es lo más cuerdo, eres demasiado joven para encerrarse entre cuatro paredes cuando sales de trabajar un día tras otro. Pero que te voy a decir yo... Que le llevo a mi hija cuarenta y dos años de diferencia.
Hace frío para Sevilla esta noche ¿no?
Se agarró de mi brazo y seguimos puente abajo.
El lunes empezaría una semana mucho más cálida sobre todo a la tarde. Ya verás.
Quizás si me lo iba a contar lo haría. Pero la noche es como más propicia para ciertas confidencias. Aquella noche una compañera sin embargo se convirtió de pronto en amiga.
Y ya aquí en otro lugar trescientos y pico de kilómetros más arriba y diez años más. Me he agenciado un nuevo objetivo más luminoso para perderme en esas noches de nuevo.
A ver . . .



