20 dic 2025 / 29 ene 2026
No, no se respira bien cuando ocurre, pero no deja de tener su pincelada de belleza, aunque solo sea por esa luz y ese color que viene directamente del desierto, ahí más abajo.
A la salida del hiper después de hacer la compra matutina. Un bucle en la vida de alguien que ya descuenta más que cuenta. Amo de casa sobrevenido.
Cuando sale el sol ejercicio; un montoncito de kilómetros. Luego la compra de lo que necesitas para el día para después viajar a la capital, nada... un rato y vuelta al camino. Pero no está el día para andar mucho respirando ese aire y aunque no deberías miras que dice el meteorólogo acerca de la calidad del aire pensando que quizás mejor; "ojos que no ven..." pero la pantalla del móvil no miente. Hay lo que hay. Y lo que no hay es lo mismo que aquel día en la pasada pandemia en que paseaste por todo el pueblo antes de encerrarte en casa para ciento y un días; ¡Nadie!
Así que piensas; aparte de los zombis de primera hora en el hiper (cuatro a esa hora...) ¿con quién te has encontrado? ¿has hablado con alguien?
Al fin de la jornada sentado en el esqueleto de la vieja carretera sobre el puente encima del camino de tierra observar como el sol va cayendo sobre las torres de la ciudad antigua.
Ahora puedes mirar el sol sin miedo.
Mahler: Adagietto Symphony 5 - Karajan*


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Your day turns in quiet loops of miles and errands, yet even beneath that harsh air you find beauty in the desert light settling on the old city, and in watching the sun without fear there is a quiet grace.
ResponderEliminarEs el viento que trae la arena del desierto desde África y si llueve los coches aparcados en la calle se pondrán perdidos de ocres.
ResponderEliminarPero hay que mirar la belleza.
Siempre.