Mientras en
la página 122, he encontrado una flor de lavanda seca por el tiempo, que ya ni
recordaba que dejara en el libro. Y la última línea de la página dice; ... “e inclinar la cabeza a
los pies del lecho de Atala...”
Y sigue
*
Ha dejado abierto el
comentario en su cuaderno de bitácora, como ha dejado atrás todos esos libros
como mismamente este del que comenta una simple línea en una página.
Han sido años que en principio
le asustaban a su llegada más por la prevención de lo desconocido. Pero ahora como
quiera que las cosas en este maravilloso planeta azul se enturbian cada hora más,
solo mira cómo se va reduciendo a una pequeña pelota de tenis. Va a echar
muchas cosas de menos ahora que deja atrás la Vía Láctea.

Lo de dejar abierto el comentario en el cuaderno de bitácora hace pensar que espera alguna comunicación. Nos quedamos con las ganas de pensar lo que piensa de nosotros, poco más que como habitantes de una pelota de tenis. Buena elección la de la canción. Tambien me gusta la versión que canta Fiona Apple en Pleasantville.
ResponderEliminarUn saludo
Maravilhoso texto e o medo do desconhecido provoca vários sentimentos e realmente nosso planeta azul anda assustador e cada vez nos sentimos menores diante do TODO! abraços, chica
ResponderEliminarya sabes, hay dos corrientes de pensamiento, la de dejar abierto el micro para que puedan respondernos, o escondernos muy dentro para que nadie nos encuentre. El terror frente a la fascinación por lo desconocido.
ResponderEliminarHe aquí la eterna cuita de viajeros y exploradores: no guardan lealtad a los lares que visitan y andan siempre de la Ceca a la Meca, sin llegar a echar jamás profunda raíz.
ResponderEliminarCómo una puerta abierta en el cuaderno de Pitágoras que nos deja ese pensamiento dispuesto para imaginar todo un mundo que viaja a través de la vía láctea y el extraño universo. Dicen que en ocasiones sobran las palabras y creo que este es un caso claro de ese silencio tan evidente. Aplaudo ese cuaderno. Un abrazo
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