Es la piedra de los mil
gatos. Está situada en uno de los pasos de mis caminatas mañaneras por la “Villa”
medieval. Un gran cancho de granito sobre el que está situada la casa de donde
proceden, justo enfrente a la Real academia extremeña de la historia en mi
pueblo (mis paisanos se cabrearan por lo de pueblo ya que en realidad ostenta
el título oficial de; “Ciudad Muy Noble, Muy Leal, Insigne y Muy Heroica” y
el ayuntamiento el título de Excelentísimo, no así sus alcaldes; - ¡Que se
jodan!).
Digo de los mil gatos porque
toda la Villa está plagada de estos felinos maravillosones. Pero aquí
precisamente desde que paseo por esas alturas, siempre han vivido un montón muy,
muy generoso de Siameses a cuál más bonito. De pronto un día apareció un gato
negro y todos eran negros. Los que me seguís en mis andanzas mañaneras ya
habréis visto muchas fotos en diferentes entradas en este blog. Luego esos
negros han ido mutando a un negro tirando a marrón tan oscuro que era negro sin
prácticamente brillo. Y ahora ya solo queda un negrito y la mayoría de siameses
ha vuelto a ser aplastante. Pues bien, en la última camada era otra vez una
alegría ver esas bolitas peludas siamesas jugando unas con otras gamberra y
alegremente como suele ser costumbre en estos felinos caseros. Con excepción
del de la foto. Una preciosidad de cachorrito siamés, este jugaba entre las
macetas del muro, pero se le notaba algo extraño y me acerqué, aunque no pude
hacerle ninguna foto porque rápidamente se perdió entre las flores plantadas en
el corralillo y las macetas de la casa. Solo tuve el tiempo justo para ver que
tenía los ojos prácticamente cerrados y tremendamente legañosos. Pensé que
debía ser algo pasajero y así parecía porque no volví a verlo y si lo veía,
como todos son muy parecidos ya llegué a la conclusión de que estaba
perfectamente.
Esta mañana como de
costumbre ahí andaban los siameses unos comiendo, otros jugando y el mas
cercano justo sentado frente a mí tomando el sol tranquilamente. Han crecido porque
este esta gordito y tiene buen pelaje, pero en un momento se puso como a toser,
pero desde dentro sin aspavientos como suele hacer Jagger, el perro de casa y
entonces se giro y sin hacerme mucho caso vio que estaba allí plantado frente a
él yo, un humano chinchorrero con cámara de fotos. Movió la cabeza levemente a
un lado y a otro y volvió a fijarse en mi en un momento pareciera que se asustó
y pensé que se iba, pero no. Simplemente su mirada se perdió en el infinito atravesándome
como si mi cuerpo fuera transparente y me di cuenta de que sabia exactamente
donde estaba yo situado y vi entonces por fin sus ojos. Era él y estaba juraría
que totalmente ciego por que esos ojos, el izquierdo dando la impresión de
totalmente seco y el derecho por mas que mire solo conseguía tras los pelillos
ver una cuenca oscura que bien podría contener un globo ocular pero tan oscuro
que no logre verlo.
- ¡Joder!! Por momentos recordé
las cuencas de Erik, el fantasma de la ópera, oscuras y hondas con tan solo un
reflejo rojo muy lejano. Este desgraciado, ni eso.
Este gato es aquel pequeñín
que a duras penas abría los ojitos y los volvía a cerrar enseguida. Es bonito,
pero he decidido poner una foto en la que no se le vea la cara. No es muy
agradable cuando abre los ojos. Por lo demás, un felino como otro cualquiera que a punto estuvo en un momento de un estirón de su cuello seguido de un mordisco, de comerse una avispa que le estaba rondando la cara y molestando.
VILLAIN IN LOVE🖤Blind (Dark R&B)

¿Quién se ocupa de tantos gatos?
ResponderEliminarSaludos,
J.