A propósito de la
entrada anterior en cuanto a relacionarse más o menos con algún amigo o amiga.
Tengo sobre el wallpaper de uno de los monitores este icono de
un detalle de un cuadro que le pinté a cierto colega de trabajo/amigo. Me
imagino que se me ha quedado varado y sin borrar después de subirlo a la otra
entrada anterior. Y sí, a veces me daban la vara hasta que les pintaba algo. En
este caso me la daba un día tras otro y como quiera que no se me ocurría nada
en concreto opté por lo más cómodo; pillar unos gouaches y hacerme un selfi,
cuando aún no se estiraban, porque para empezar los teléfonos ni eran móviles y
menos aún hacían fotos. Eran mis manos sobre Un fondo a la manera de Piet Mondrian. Pero en realidad no era esto lo primero que me ha venido a la cabeza
sino otro, una acuarela que representa un día invernal de cielos nimbosos
y arbolillos escuálidos deshojados nevados que le había prometido a una amiga y
que en realidad era más un experimento, un ejercicio de como pintar estaciones
en acuarela. Y la gracia es que está pintado una mañana veraniega en el campo y
aunque por entonces no hacia estos calores de ahora, en esta tierra nuestra
siempre los veranos han sido bastante tórridos.
Apareció por la puerta del cortijo con la falda arremangada
hasta cierta, interesante, altura a la vez que se quejaba: - ¡Coño, que
calor!
Me encantan las pelirrojas, no se realmente por qué, quizás porque
suelen tener pecas. Pero me gustan mucho. Esta no es pelirroja, pero está llena
de pequitas y la visión que se me presentó tan refrescante me decidió por el
paisaje nevado.
En fin, lo empecé ahí mismo en ese instante y lo llevé a la
marquetería. Estando en mi trabajo sonó el teléfono; era la marquetería y
resulta que un cliente vio el cuadro ya enmarcado y se le antojó, como quiera
que le ofrecían bastante por él la dependienta me lo comunicaba, y yo
insistía en que era un regalo y que le dijera al señor por último que ya estaba
vendido porque la verdad es que para algo tan pequeñito ofrecían una buena
cantidad a última hora.
Lo tiene colgado mi amiga en su casa y cada vez que voy por allí me le quedo siempre mirando. Y ella siempre me dice lo mismo al verme ahí plantado frente a la acuarela. Pero lo que menos se imagina es que lo que ocurre es que.
a ón gura étrica a.
Bueno y que cuando pintaba mis cuadros nunca me gustaba desprenderme de ellos.
Sin embargo, del otro el de arriba, no me habría importado
porque los que llevan manos suelen ser los más caros. Ya que estas no son nada fáciles
de pintar debido a la plasticidad de su anatomía.


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