Una mañana gris verdosa con un viento molesto por lo intenso y sin embargo por otro lado agradable en cuanto al sonido de las ramas de los árboles y sobre todo las palmeras al rozarse entre ellas. La gorra con la visera hasta los ojos y por encima la capucha del cortavientos subida resguarda lo suficiente para hacer el paseo relativamente agradable (mucho). Ya tan solo no dejarse arrastrar por las rachas más fuertes. La molestia de las gotas de agua que trae hasta los cristales de las gafas es otra de las más difícil de sobrellevar. Pero me gustan estos días oscuros, porque aun remarcan más si cabe esos lugares góticos que me gusta visitar.
Los sonidos se multiplican por efecto de ese viento invernal y al pasar junto a algún ventanal destartalado de cierta construcción mas destartalada aun, que es del todo posible, me hacen girar la cabeza porque solo los gatos y algún otro mamífero puede solo mover las orejas para agudizar la escucha. Y a mí me ha perecido oír voces veladas provenientes de un lugar que sé de sobras que está totalmente abandonado y vacío. El viento en las estancias puede jugar malas pasadas en cuanto a escuchas fantásticas.
Al rato miro hacia la torre, y es que del campanario viene un ruido intermitente como si alguien golpeara sobre algo cuando es de sobras conocido que solo ciertas horas puede haber ese alguien visitando la torre. Pero me encanta porque la imaginación se desborda y el paseo se hace mucho más entretenido.
El único peligro relativamente cierto es, al pasar junto a unos enormes y viejos cipreses y el crujido de una de aquellas ramas de alguno, que tiene más años incluso que algún país. Lo que hace apretar en la marcha.
Me encantan estos días a pesar de que me he encontrado un montón de tejas hechas añico sobre el suelo.
Música: Scorpions - Wind of Change
27/12/22 14:30





