mi pequeña dama de negro de lecturas góticas invernales al son de músicas como esa y
fondo coral de lluvias y viento afuera,
como eché de menos todas aquellas noches al calor de tu pecho,
luego vacías durante años tan solo con tu fantasma sobrevolando etéreo la atmósfera pesada de mi estancia en penumbra.
Ahora podrías disfrutar junto a mi esos grajos y cuervos revolotear el cielo y posarse sobre el abeto frente al castillo vetusto.
Pasear bajo la bóveda de Santa María mientras la luz mortecina se filtra a través sus incoloras
vidrieras incidiendo sobre las lapidas que jalonan el piso granítico.
O quizás percibir el olor acre del musgo húmedo en mis paseos por el cementerio viejo.
todo lo cambiaste. Por nada, al fin






